
Viajar a mi casa es todo un show, empezando por llegar vivo a estación Central y caminar más que Frodo y kun fu juntos para encontrar las micros que ahora están en un segundo piso del remodelado y más moderno terminal de buses de sur América o por lo menos eso dicen los letreros, bueno para que latearlos con las horas de viaje parada en el estrecho pasillo de la micro o en verdad de las liebres (micro chica re-chica), los viejos que se suben curados, los escolares violentados por los choferes, los vendedores de maní o helado o cabritas o guagüitas o de puzles o de lo que sea. Sin embargo la estación tiene su encanto es un mundo vibrante que siempre tiene vida a cualquier hora y día, que bulle de energía , las micros de colores, las interurbanas que no tienen números ni letras, solo pequeños letreros con los nombres de donde vas para poder llegar a destino. Lo malo de los letreritos es que cuando estas en el camino del diablo (calle fuera de mi casa) no lo ves de lejos entonces lo que debes hacer es hacer parar a la que venga y cuando esta cerca hacerle señas al chofer para que siga de largo, lo que no le hace la menor gracia.
Hace un par de días tuvimos la mala ocurrencia con mi hermana de ir a Tala en micro, de ida…diez minutos arriesgando nuestras vidas en espera de la famosa micro, cuando paso llego llena de gente porque obvio hace rato que no pasaba, así que quede en la pisadera y mi hermana aplastada contra un fierro (el fierro donde esta el timbre), cuando teníamos que bajarnos la micro pego un frenazo de aquellos que la Pauli quedo con los ojos salidos, como de huevo frito, como la niña esa Gaby de BKN (lo veo solo para aprender ingles jj) una cara tan chistosa que acompaño con un largo gritito aaaaaaaaaiiiiiiiiiiiiiii (un grito pero despacio, contradictorio pero entendible), después de dar vueltas y comprar algunos cachivaches debimos tomar la micro devuelta , PERO esta no era cualquier micro era la MICRO DEL TERROR y no es de exagerar era realmente LA MICRO DEL TERROR, apenas nos subimos el chofer acelero de cero a cien en menos de un micro segundo, la gente choco, las guaguas lloraban, los cabros chicos salieron a la cresta, con la Pauli nos agarramos como pudimos, la micro no disminuía la velocidad ni para tomar pasajeros, ni para cobrar, ni para dar vuelto, ni para dejar pasajeros, ni para doblar, ni menos para encomendarnos a Dios, la gente reclamaba “lleva personas no animales”, “desgraciado” y otros típicos dishos, cuando teníamos que bajarnos la Pauli toco el timbre varios metros antes de donde deberíamos bajarnos “prefiero que nos bajemos antes a morir” la Paula en cuanto paro (por un segundo) salto y me grito “BAJA, BAJA”, yo me tire prácticamente al vacio pero muerta de la risa, la señora de la verdulería fue corriendo a preguntarnos “qué les paso chiquillas?” en realidad nada, llegamos en menos de cinco minutos en un trayecto que se demora por lo menos treinta minutos y que nos apretujamos y nos pegamos contra la gente , que el viento nos pegaba en la cara y nos dejaba respirar y que tuvimos que saltar a en vez de bajar por la escalinata y que al hacerlo vimos pasar la vida frente a nuestros ojos, nada solo que habíamos tomado el recorrido equivocado, en ves de tomar Tala por vicuña, tomamos Tala por camino al cielo.